A veces las despedidas son solo un adiós que no sabíamos cómo decir. Me queda claro que, aunque hoy nos separe la distancia, no hay distancia que pueda borrar lo que se queda guardado.
Sé que ahora todo un palo parece el destino, y que el silencio puede sentirse pesado, como si estuviéramos esperando un milagro en medio de la niebla. Pero no me asusta, porque sé que las cosas brillantes siempre encuentran su camino de vuelta.
Si el tiempo nos vuelve a cruzar, espero que sea con la misma luz. Mientras tanto, mereces lo que sueñas, Magdalena. No dejes que el mundo ap